"Desvariando, para no variar, en un diario inventado.. O no." (Elena Lpez. Dguez.)

viernes, enero 13

El café recién hecho..

.. olía desde la puerta del portal. Se me hacía la boca agua a medida que iba subiendo las escaleras y empecé a disfrutar de la idea de tomarme una taza de ese café que debía saber casi mejor de lo que olía. Sabéis que el café siempre, siempre huele mejor de lo que sabe? Pero este se me antojaba al contrario, que debía estar delicioso, en su punto justo de negrura y caliente. Abrasante y amargo, tal como me gusta. (Mi madre siempre me decía: eres demasiado dulce como para necesitar azúcar extra).
Así que por eso desestimé subir por el ascensor, temía que el aroma desaparecería y yo quería seguir disfrutando de mi olfato, jugando con la idea de llegar a casa, prepararme uno y saborearlo con los ojos cerrados. Me quedaba otro piso por subir y cada vez olía más fuerte, más intenso. Intentaba adivinar de dónde provenía acercando mi nariz a todas las puertas por las que iba pasando, pero no conseguí saber quién era ese maravilloso vecino que era capaz de preparar un café así.. Desechada la idea de averiguarlo, llegué a casa, metí la llave en la puerta, abrí y entré..
- "Toma cariño.. te he preparado un café como a ti te gusta: negro, caliente y amargo. Te apetece?"